• ¡Su vuelo de conexión esta por partir! me dijo el personal de tierra del aeropuerto con una voz tranquila y relajada mientras mi mente se encontraba en un colapso total tratando de asimilar mi complicada e indeseada situación. ¿Porqué? ¿Porque a mi? ¡Si yo hice todo lo que se debía hacer, no es mi culpa que el vuelo anterior se haya retrasado cinco horas y que ahora sea yo la que tenga que solucionar esto!
  • Corra, señora, ¡corra que quizá lo alcance! Interrumpió el personal, trayendo mi mente de nuevo al alocado aeropuerto, que en ese momento parecía un hormiguero recién destruido.

Ok, esboce enérgicamente, a correr se ha dicho. Sujeté mi abrigo debajo de mi brazo izquierdo y miré mi pequeña pero pesada maleta de mano que sujetaba en la otra mano y empecé a correr. No quería perder mi vuelo, no quería esperar un día entero en el aeropuerto de Miami para poder seguir con mi viaje. El deseo de llegar me impulsó a correr con ímpetu, pero enseguida me di cuenta de que los zapatos que había elegido fueron una mala elección. Seguía corriendo, aunque sentía que el dolor cada vez era mas intenso. Pronto descubrí que el aeropuerto de Miami es muy, muy grande, y que todavía me quedaba mucho camino por correr. El deseo de llegar me seguía manteniendo en movimiento, pero mis pulmones clamaban por mas aire para poder oxigenar los desacostumbrados músculos que trataban de resistir el estrés físico al que estaba sometiendo mi cuerpo.

¿Qué hago? Escuchaba decir a mi mente entre las agitadas y cortas bocanadas de aire que tomaba. ¡No resisto mas! Necesito parar, necesito descansar, pero si descanso pierdo el vuelo, ¡y no me quiero quedar acá!

Quizás esa sea una de las preguntas que te estas haciendo en este momento. ¿Qué hago? ¿Descanso o sigo corriendo? ¿Qué pierdo si no llego?  ¿Qué gano si llego? ¿Qué es mas importante? ¿Cómo continua mi viaje si pierdo este vuelo? ¿Cómo reajusto mi vida a esta nueva situación?

Cada vez que uno decide realizar un viaje también asume los riesgos que el viaje en si mismo conlleva. Asimismo, este viaje llamado vida. La vida esta llena de situaciones como esta. Situaciones que a veces no queremos o no elegimos vivir, pero que solo por vivir corremos el riesgo de tener que pasarlas.

¿Cuantas veces nos encontramos corriendo para no perder el vuelo, pero nos damos cuenta de que nos faltan las fuerzas para poder seguir o que los zapatos nos van lastimando en el camino? ¿Cuantas veces seguimos luchando para conseguir algo, pero en el camino perdemos, por ejemplo, la salud, la familia, o el tiempo que nunca vuelve? ¿Qué es lo que perdemos si no llegamos? ¿Y que es lo que ganamos si nos quedamos?

Muchas veces creemos que la vida de un cristiano tiene que vivirse libre de adversidades, libre de encrucijadas difíciles de solucionar, pero el mismo Jesús les dijo a sus discípulos “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” No hay nada que te este aconteciendo en este momento que Tu y Dios no puedan sobrellevar juntos. Sea lo que sea. Pon tu mirada en Jesús y deja que Dios guíe tu camino y te enseñe qué camino debes tomar y disfruta de la paz que solo Él te puede dar aún en medio de la tormenta.

Lämna ett svar

Din e-postadress kommer inte publiceras.